"Seguimos el debate sobre el dinero" por Luis Cruz de Sola
No me imaginaba que iba a vivir un verano tan entretenido: Peregrinación a Tierra Santa, mudanza a Rota, algún trabajo con ilusionantes perspectivas, trabajo cofrade para que todo salga como debe ser en los actos de bendición de la nueva imagen del Cristo de la Sed y, para colmo, este debate, espero que distendido y hasta algo divertido, sobre el ya famoso “dinero del reparto”, debate en el que vuelvo a pronunciarme con, espero que así se entienda, la mejor de las intenciones.
Vamos allá, pero antes quiero hacerle cuatro consideraciones a mi buen amigo Andrés Cañadas:
1. Lo siento, Andrés, pero no te tuve jamás en mi mente cuando escribí el artículo que publiqué en La Voz. Te ruego, por tanto que no te des por aludido porque, muy al contrario, el artículo iba dirigido a algún que otro “dirigente cofrade” que, me da la impresión, aún no se han enterado de que va esta historia.
2. Uno no se presenta a hermano mayor pensando en que va a recoger insultos y descalificaciones. Soy consciente de que cualquier toma de decisión no puede contentar a todo el mundo y que habrá hermanos que no estarán de acuerdo con lo que se decide, pero de ahí al insulto personal media un paso grande.
El problema es que se ha transmitido a nuestro mundo cofrade el mismo ambiente soez de esta sociedad en la que vivimos, en la que es normal que se diga cualquier barbaridad sobre alguien sin darle importancia alguna y en la que se juzga a la persona sin darle casi opción a defenderse. Yo soy de los que se niega a admitir que se pierdan las formas y, sobre todo, el respeto a las personas.
Todo se puede hablar, todo se puede decir, todo se puede defender desde el razonamiento y el respeto a la dignidad y al honor de la gente.
3. En este mundo cofrade nuestro me han llamado de muchas maneras y se han dicho muchas cosas sobre mí. Sin embargo pocas, muy pocas veces, me han dicho que soy un demagogo, término que según el diccionario de la lengua española quiere decir el que "hace prácticas políticas consistente en ganarse con halagos el favor popular". Pues si de mi vida, trabajos y trayectoria cofrade algunos deducen que soy un demagogo, que Dios le conserve la vista muchos años...
Sí creo, y lo admito aunque me duela, que sigo siendo un "iluso" en esto de las hermandades, un utópico demasiadas veces, lo que, te aseguro, me ha generado muchos disgustos y dolores de cabeza. ¡Qué le vamos a hacer!
4. Sabes que no me asusta nada entrar también a debatir otros temas de nuestras hermandades: Así, desde el análisis de las cuentas de la Unión de Hermandades hasta el de la situación de las asociaciones que llegan y que se convertirán en futuras hermandades, pasando por el de la actuación lamentable de algunas de nuestras Corporaciones, por el del futuro incierto de algunas de ellas, por el enorme problema que tenemos con los Directores Espirituales, o hasta la Carrera Oficial, me tienes a tu disposición, aunque creo que este que nos ocupa es bastante más importante.
En cualquier caso, ciñéndonos ya al debate que mantenemos, es curioso que, hasta ahora y salvo las excepciones de Francisco Aleu en el buen artículo leído en Cofrademanía y de algunos amigos de manera personal, pocos cofrades han entrado ni parece que quieran entrar a analizar el fondo de la cuestión que planteé en el artículo y que, recuerdo, realizaba una propuesta concreta: dedicar el dinero de manera paulatina a las necesidades reales de nuestra Iglesia y, no nos olvidemos, de nosotros mismos, lo que nos daría absoluta libertad en todos los sentidos, y todo ello en base a las siguientes consideraciones.
1. El reparto actual, que parte del criterio de realizar Estación de Penitencia en la S. I. Catedral, es ya injusto en si mismo porque no valora idénticos esfuerzos.
2. No sería difícil ajustar este criterio e incluso ampliarlo, añadiendo a otras hermandades de penitencia que aún no llegan a la Catedral, aunque debía de quedar muy claro donde se establece el límite para evitar más problemas en el futuro.
3. A partir de aquí, cualquier otra filosofía complica enormemente la fórmula a aplicar, tanto si valoramos los cultos externos de todas las hermandades, como si se amplía el criterio teniendo en cuenta la calidad y cantidad de actos y actividades de vida interna.
4. El problema aún se complica más si incluimos a las hermandades de Gloria y Sacramentales con situaciones específicas absolutamente dispares entre sí.
5. Es también injusta la propuesta de que el reparto debe afectar a todas las hermandades por el mero hecho de pertenecer a la Unión de Hermandades e intentaba explicar y razonar el porqué.
6. La necesidad de recibir estos ingresos está generando corruptelas y problemas que no debemos consentir aunque sean comprensibles: dependencia municipal, falta de objetividad en los planteamientos de la carrera oficial, cierto grado de egoísmo en algunas hermandades, etc.
7. Las hermandades hemos sobrevivido 500 años sin subvenciones ni ingreso alguno de la Unión de Hermandades. ¿Por qué no íbamos a hacerlo ahora?
Eduardo Velo añadía a estos razonamientos el basado en la trayectoria histórica de nuestra Unión de Hermandades, e incidía en la dificultad a la hora de abordar cualquier nuevo estudio.
En definitiva, pretendía exponer la dificultad que tiene hacer cualquier planteamiento de reparto siempre que se piense en futuro y se tenga que tomar la decisión de cortar por algún lado y defendía, y sigo defendiendo, la tesis de que parte o todo de ese dinero, bien empleado en un objetivo común, nos daría mayor libertad en la toma de decisiones, evitaría dependencias casi sicológicas, eliminaría debates sin futuro, y, sobre todo, refrendaría nuestra actitud ante todos.
Incidiendo más en la propuesta que se debate, pongo un ejemplo para que a todo el mundo le quede un poco claro la propuesta: Si decidiéramos reducir en cuatro años y de manera paulatina la asignación que recibe cada hermandad hasta llegar a 3.000 € seríamos capaces de, en cinco o seis años, pagar totalmente alguno de los Templos cuya construcción es necesaria para atender a ese enorme porcentaje de jerezanos que viven en esas grandes zonas de crecimiento de la ciudad a las que se les ha dotado de todo menos, que curiosidad, de servicios religiosos. A partir de aquí, podríamos repetir el objetivo cada cuatro o cinco años, con lo que a la vuelta de un par de decenios, Jerez contaría con cuatro o cinco nuevos Templos.
¿Cuántos se han construido en los últimos cuarenta años? ¿No parece que este sea un objetivo ilusionante para todos nosotros? ¿No parece que estamos sentando las bases para que existan también hermandades donde realmente viven los jerezanos?
Lo que pasa, y es la triste realidad, es que, al final, lo que cada uno pretende es tener derecho a ese dinero, con o sin argumentos más o menos lógicos, con descalificaciones o sin ellas, mirando el corto plazo y nuestras necesidades inmediatas sin analizar, siquiera, cual es nuestro futuro y donde debemos estar.
Pues lo siento, el que quiera puede tacharme de lo que sea, pero llevo ya mucho tiempo defendiendo algunas tesis en este mundo de las hermandades que, estoy convencido, terminarán teniendo que ser asumidas por las buenas o por las malas, y solo pretendiendo adelantarnos a lo que nos va a llegar y tomando la iniciativa para que no se apunte nadie el tanto que nos corresponde a las hermandades.
Ya veremos qué pasa y a quién el tiempo le da la razón.