En nuestra SECCIÓN DE SONIDOS, contáis ya dentro de nuestra colección veraniega, con el Pregón que el pasado Domingo de Pasión ofrecía en Villamarta José Gallardo Quirós.
Esta fue la crónica que escrbíamos en su momento:
"Cuando llega el momento de escribir la crónica de lo que un año más ha sido el Pregón de la Semana Santa de Jerez, regresan de nuevo los miedos a no caer en falsos itinerarios por la ‘ojana’, o de escribir lo que la gran mayoría no piensa; un ‘horror vacui’ a la blanca pantalla del ordenador del que sin embargo hay que olvidarse, porque así será sin duda más justa, la opinión que aquí expresemos de lo vivido en Villamarta.
Para empezar, y porque sabemos de los graves problemas que la Banda Municipal de Música tenía para poder ensayar con garantías hasta llegar al Domingo de Pasión, lo primero que tenemos que hacer es felicitar a Paco Orellana y los suyos, ya que no era fácil interpretar las tres piezas que ilustraban la oratoria de José Gallardo. ‘Reina del Angostillo’, de ‘Moraíto’, y ‘Semana Santa’, de Antonio Gallardo, eran las dos marchas que antecedían a la subida del telón, sonando rotundas y vibrantes, al igual que con el telón arriba lo hizo una marcha extraña mezcla de diferentes piezas clásicas como ‘Estrella Sublime’,’ Virgen del Valle’, o ‘Soleá dame la mano’, entre otras. Rara esta última, pero bien por la banda.
Luego tocó el turno del presentador, Antoñito Gallardo Monge, hijo de José, quien realizó una presentación de categoría, en la que comenzó justificando la ausencia en su lugar del abuelo, para pasar posteriormente a biografiarnos a su padre, sin olvidarse de nombres como el de José González ‘Pepillo’. Una presentación que Antonio finalizó agarrando la mano de su padre, a quien presentó como el ‘Pregonero de todos’. Pedazo de ovación, y algunos incondicionales aplaudiendo en pie.
…Y LLEGÓ EL PREGÓN.
Así comenzó el Pregón de 2010, cuando superábamos las doce y media del mediodía, y José realizaba un romance de presentación que ya nos barruntaba lo que vendría después. Poema interrumpido por un primer aluvión de aplausos, en el que los ‘óles’ empezaban a ser constantes, como una contestación de ruegos a unas imaginarias letanías cofradieras, que ya no tendrían fin hasta el final de todo aquello, casi dos horas más tarde.
Saludo, y viaje a la Merced para rematar con una media verónica preciosa en medio de la calle Nueva, y luego toreo de muleta para asentarse en medio de los terrenos, y basar la justificación del Pregón en los pequeños milagros de cada día.
Ese fue el planteamiento de José Gallardo, así que a partir de entonces, a pasar por todas las cofradías, de una en una, tal y como hizo su padre hace cuarenta pregones, pero en orden cronológico, no como entonces, y cada cual a esperar que llegara el momento de su hermandad, disfrutando eso sí, de lo que nos regalaban las demás.
A partir de aquí, cada uno puede contar la crónica que quiera, porque cada uno podrá quedarse con algún momento concreto del Pregón; nosotros, si ustedes nos lo permiten, nos quedamos con lo dedicado al Perdón, al padre Carlos, al Consuelo, a la Amargura, al Desamparo, al Prendimiento, al Mayor Dolor, al Nazareno, a Loreto… y a la Soledad, llegando al final a las tres menos veinticinco, como siempre, mientras sonaba el Himno Español.
¿Algo más? Pues sí. Que todo lo aliñó con una presencia soberana en el escenario, donde la decoración la formaban un conjunto en el que veíamos la Cruz del Cristo, los candelabros de cola de la Soledad, y una túnica del Prendimiento, y con un estilo directo, pero a la vez profundo, en el que sobre todo… sobre todo, le afloró la gitanería por los cuatro costados.
Si a eso le añaden que se apellida Gallardo, no hace falta contar más.
Fue un gran Pregón. Un magnífico Pregón, con seis o siete detalles, de esos que encienden las ganas de irse a ver salir la Borriquita…